martes, 14 de julio de 2015

Dolor de espalda, CORE y Centros Deportivos, ¿es posible relacionarlos?

       Las guías europeas de tratamiento del dolor lumbar no específico (1) recomiendan ejercicio supervisado como el tratamiento principal, pero no indican cual es el mejor.
       En el intento de añadir luz sobre cómo y qué ejercicio hacer remarcamos que el simple hecho de empezar a entrenar ya es un paso y creemos en la necesidad de esa píldora que el médico debe poner en su receta llamada ejercicio.
       No obstante no es tan sencillo, no basta con limitarse a decir, “Anda o ve a cualquier clase dirigida en un centro deportivo”.
       Hay que profundizar, o en su caso derivar a un profesional cualificado, y aquí hacemos autocríta también. Tenemos muchas limitaciones aquellos que nos consideramos expertos en ejercicio.
       Por otro lado, encontramos tendencias cuyos nombre van más allá del conocimiento que tenemos sobre el mismo, como es el caso del CORE, donde vemos que hoy en día se ha puesto en boca el trabajo del mismo con clases específicas para ello, pero que en muchos casos no nos paramos a conocer que expresa dicho término. Cierto es que existe un gran debate sobre la precisión terminológica del mismo, pero esto no debe ser excusa para no profundizar en ello. Si hacemos mención al componente anatómico del CORE, la definición dada por Behm y colaboradores (2) puede ser válida, este se define como “el esqueleto axial (incluyendo desde la cintura pélvica a la cintura escapular) y todos los tejidos blandos (cartílago articular, fibrocartílago, ligamentos, tendones, músculos y fascia) con origen proximal en este, e inserción en el esqueleto axial o apendicular. Ahora bien, como el ser humano necesita concretizar para obtener conclusiones, aportaremos la definición de Faries (3), “Algunos de los principales músculos del CORE con origen proximal adjuntos en la región lumbosacra del esqueleto axial incluyen: multífido lumbar, erectores de la columna, cuadrado lumbar, oblicuo externo, oblicuo interno, recto abdominal, transverso del abdomen (TrA), el psoas mayor, el suelo pélvico y el diafragma” a los que sumariamos tanto glúteos como pectoral mayor por la conexión a nivel fascial que tiene con los músculos nombrados en la definición.
       Si consideramos estas definiciones a nivel anatómico, seguramente nuestra comprensión del CORE estaría incompleta, ya que probablemente la musculatura implicada a nivel fascial será mayor, a la vez que de poco sirve el conocimiento anatómico aislado, sin dotarlo de una utilidad, en esta línea es donde consideramos que nacen los términos CORE STABILITY, y CORE STRENGTH, donde nos centraremos en el primero de ellos, y citando a Héctor García, haremos mención a este término como un concepto funcional, y no como una entidad anatómica. Donde el fin debe ser la estabilidad del raquis, en un equilibrio dinámico, que permita la ejecución de diferentes gestos dinámicos o mantenidos en el tiempo tanto a nivel distal como proximal de las extremidades inferiores, superiores o del propio tronco y que vienen marcados por la necesidad de la tarea que ejecuta el individuo.
       Es por ello, que consideramos que las vías de trabajo deben ir desde aplicar el ejercicio compensatorio necesario en función de las necesidades de cada sujeto, hasta la modificación de patrones motores y hábitos posturales. Aquí no solo debemos centrarnos en el trabajo basado en la movilidad sino también en la mejora de la postura estática mantenidas en el tiempo consecuencia de las demandas individuales de cada sujeto. Si entendemos esta como nos indica Chicharro y colaboradores, “la postura no es el mantenimiento rígido de la posición erguida sino la disposición armónica y flexible de los distintos grupos musculares agonistas, antagonistas y sinérgicos que se disponen alrededor de cada articulación”. En base a ello, debemos entender que no existe una musculatura predominante sobre otras, sino que el correcto trabajo sincronizado y compensado de la totalidad de la musculatura del CORE es lo que nos puede conducir hacia una mejora del dolor lumbar, y decimos “nos puede conducir”, ya que este tipo de dolor es un proceso multifactorial.
       Volviendo de nuevo a la razón de este post, ¿Qué ejercicio hago y por qué? Solemos encontrarnos con el pensamiento de que la práctica del Pilates es vendida como el remedio para los dolores de espalda, y basándonos en las últimas revisiones (4), no podemos decir que el Pilates sea superior a otras formas de ejercicio; ahora bien, tampoco podemos decir que no nos podamos beneficiar de este.
       Si nos paramos a ojear los estudios realizados, vemos que el TrA es un músculo que ha recibido un interés enorme en los últimos años, ya sea por la tradición del Pilates (uno de los principios es enseñar a los individuos a aislar el TrA del resto de los músculos abdominales), o por los estudios de Hodges y Richardson (5) los cuales concluyeron que durante los movimientos rápidos de brazos y piernas en los pacientes con dolor lumbar, se producía un retraso en el tiempo de activación del TrA respecto a sujetos asintomáticos, lo que colocó en el ojo del huracán a este músculo.
       En esta línea, son muchos los estudios que observan que aquellos con dolor lumbar tienen un retraso en la activación de músculos estabilizadores locales (unidad interna) tales como multífido y transverso profundo del abdomen (6). Normalmente son más pequeños y  también sabemos que esto generan compensaciones con los estabilizadores globales (unidad externa) creando rigidez.
       Pero como indica McGill, es dudoso y valiente decir que hay un grupo de músculos que operan y son reclutados independientemente de otro durante las actividades cotidianas o deportivas (7), a la vez que consideramos muy injusto encumbrar al TrA como principal o único sospechoso del dolor lumbar. Una cosa es la clasificación anatómica y otra la clasificación funcional. Para activar específicamente ciertos músculos del CORE durante el movimiento funcional del individuo se tendrían que anular los patrones naturales de la activación muscular del tronco,  este sería poco práctico, casi imposible y potencialmente peligroso (8) ¿De qué nos sirve sentir cada parte del cuerpo si después no sabemos movernos? El fin de todo ejercicio debe ser la integración y el trabajo de las diferentes cadenas musculares en una correcta sinergia.
       Si prestamos atención a acciones tan usuales como la marcha y el mantenimiento de la postura de pie, los músculos del tronco están mínimamente activados. Estos bajos niveles de activación nos llevan a la pregunta de por qué se prescriben tantos ejercicios de fuerza cuando niveles de fuerzas de co-contracción muscular son necesarias.  Dichos niveles de solicitación tan bajos co-contracción nos sugieren que la pérdida de fuerza sea poco probable un problema para la estabilización de la columna vertebral. Una persona tendría que perder masa muscular considerable en el tronco o forzar el control antes de desestabilizar la columna vertebral (9).

       Esto nos hace pensar que sea probable que un pobre control motor del CORE sea responsable de las deficiencias en el mismo, más allá de una incapacidad para generar los niveles de fuerza solicitados para estabilizar la zona, pudiendo ser esta una línea de trabajo, y en la que esperamos profundizar próximamente leyendo publicaciones sobre la misma.

       Consideramos que es necesario seguir estudiando en esta línea, para poder conocer en mayor medida la funcionalidad de cada musculatura dentro del concepto CORE Stability, no obstante esto no puede ser excusa para no intentar fundamentar lo que hacemos en nuestras sesiones, ya sean individuales o colectivas.

       El factor educativo y la individualización en función de cada usuario es fundamental, y esto es posible en mayor medida si el conocimiento del técnico es amplio y actual. Por eso apostamos por unas salas fitness de calidad como eje central de cualquier centro y un asesoramiento deportivo real donde el usuario conozca de primera mano que debe hacer o al menos se oriente.
       Después que se trabaje con pilates, yoga, clases de core, bodypump o cualquiera de la infinidad de ofertas que hay vendría a ser "indiferente", porque en definitiva, y esto es muy importante, hay que conseguir que la gente haga ejercicio, con o sin música o flow. En definitiva trabajamos con la salud y necesitamos que la gente haga ejercicio, cualquier vía para lograrlo, bien hecha y fundamentada en base a la evidencia es lícita.
       No es nuestro objetivo defender las actividades dirigidas, ya que consideramos el entrenamiento personal como la vía idónea para el desarrollo de la actividad física, ni la prevalencia de unas sobre otras, pero si atendemos a las recomendaciones de actividad física, estas deben ser entendidas como un medio para alcanzarlas, es por ello que no nos demarcamos sobre unas actividades u otras, sino que relacionamos el éxito de las mismas en ámbito de salud en relación a los conocimientos y la aplicación que haga de los mismos por parte del técnico que los imparte. Es decir, no hay mejor marketing para una actividad que un técnico bien formado y con capacidad de adaptar el estímulo a las necesidades de cada uno de los clientes.
       La formación continua debe ser el camino de todo personal que se dedique al trabajo relacionado con la gestión de la actividad física.
       El resto de condicionantes, tales como el ratio de clientes por actividad debe ser valorado por las propias empresas, sabiendo que dicha relación condicionará la calidad del servicio en todo momento, pero como estos no dependen de nosotros mismos en la mayoría de los casos…
¡Vamos a aplicar lo que conocemos, pero primero, empecemos por querer conocer!





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