sábado, 18 de julio de 2015

Multifido y dolor de espalda, ¿Qué relación existe?

Enlazando con nuestra última entrada, donde decíamos que es necesaria la participación coordinada de toda la musculatura que forma el core y que no podemos ser reduccionistas y encumbrar a ciertos músculos como los responsables del dolor lumbar al ser un proceso multifactorial,  también consideramos que podría ser apropiado tener en cuenta el tamaño y funcionamiento de algunos en concreto. Hablamos del multífido, músculo que ha sido objeto de estudio y del que pasamos a contar algunas cosas.

       Ahora bien, ¿Qué características reúne el multífido para situarse en este ? Si atendemos a Sahrmann (1),  podemos señalar que se origina en la superficie dorsal del sacro, el ligamento sacrotuberoso, la aponeurosis de erector de la columna, la espina iliaca posterosuperior y los ligamentos sacroilíacos posteriores. Discurre en sentido superior y medial,  insertándose en las apófisis espinosas de las vértebras sacras y lumbares.  Su inserción le proporciona un brazo de palanca mayor que el de los erectores de la columna. Su acción más importante es el control de la flexión y del cizallamiento anterior de la columna durante la inclinación anterior vía contracción excéntrica ejerciendo una fuerza de compresión sobre la columna lumbar y contribuyendo a la estabilidad de la columna.
Figura 1: Imagen del multífido obtenida del Software Anatomy TV.

      Ahora bien, si nos planteamos la cuestión de que fue primero, el huevo o la gallina, es decir, me duele la espalda porque el mutifido no desempeña su labor correctamente, ya sea por motivos de inhibición o por atrofia muscular, o el multifido deja de trabajar correctamente como consecuencia del dolor de espalda. 
       En este caso, dar una respuesta certera se escapa de nuestro conocimiento, ya que si entendemos el dolor de espalda como un proceso multifactorial podemos volver a recaer en el error de ser reduccionista, y como hemos dicho anteriormente, creemos que es muy osado realizar tal afirmación, al menos desde nuestro conocimiento actual, pero veamos que nos dicen los estudios:
Ø  La inhibición es consecuencia del dolor de la columna vertebral, y tiende a continuar incluso después de que el dolor haya remitido, probablemente contribuyendo a la alta tasa de recurrencia del dolor lumbar (2).
Ø  Indahl y colaboradores señalaron que la atrofia del multifido en pacientes con dolor de espalda es probablemente resultado en mayor medida de una disfunción que de un desuso de la musculatura (3).
Ø  La atrofia no se produce de forma general, sino que se localiza en la sección donde se focaliza el dolor, como nos indica Hides y colaboradores (4) , que compararon un grupo con dolor lumbar crónico y un grupo control, hallando diferencia en el tamaño del multífido a nivel de L4-L5 entre el grupo control y el grupo con dolor, a la vez que niveles de asimetría en aquellos sujetos que presentaban procesos dolorosos unilaterales.
      Por otro lado, si atendemos a la atrofia muscular que se produce tras una lesión de espalda, encontramos un fenómeno que debería preocuparnos como entrenadores personales, y es como nos indica Kader y colaboradores, la infiltración de grasa que se produce en la musculatura tras el proceso lesivo (5). Como se puede observar en la figura 2, la grasa infiltrada representada con las líneas blancas.


Figura 2: Atrofia muscular moderda del  multifidus, por Kader et al (5)  Criterios de clasificación (más de 10% pero inferior al 50% del área transversal del músculo reemplazado por grasa)

       Como consecuencias de estas modificaciones estructurales en el multífido, podemos indicar que la aparición de un proceso doloroso lumbar conllevará un desacondicionamiento de esta musculatura de forma localizada, lo que provoca una reducción de la capacidad de estabilización de la zona neutra, y como consecuencia de ellos, tal y como nos indica Freeman y colaboradores, la disminución de la funcionalidad del multifido probablemente implique un dolor lumbar recurrente (2).
       En tal caso, es necesario un programa específico para recuperar dicha masa muscular (1) lo que nos lleva a la siguiente cuestión, ¿En qué se debe basar este programa de entrenamiento?
       Para ello, nos centraremos en la revisión publicada recientemente por Pillastrini y colaboradores (6), donde se nos presentan diferentes estudios. En el primero de ellos llevado a cabo por Danneels y colaboradores (7), se establecieron tres programas de entrenamiento de 10 semanas en una población con pacientes con dolor de espalda baja. El primero de ellos basado en ejercicios de estabilización, un segundo grupo cuyos ejercicios eran de estabilización combinados con un entrenamiento dinámico, y un tercer grupo que añadía a los ejercicios del segundo grupo una fase estática entre la fase concéntrica y la excéntrica. El estudio encontró diferencias significativas en el tercer grupo, lo que sugiere que el mantenimiento de posturas estáticas entre las fases concéntrica y excéntrica es esencial para inducir una hipertrofia muscular.
En segundo lugar se presenta un estudio realizado por Akbari (8), donde se comparó un protocolo de entrenamiento de ocho semanas, basado en el control motor versus un protocolo de trabajo de ejercicio en general. Este encontraró diferencias significativas en la reducción del dolor y mejoras, aunque no significativas en el incremento de aumento de la sección transversal en el programa basado en el control motor respecto al ejercicio en general.
       En base a ello, y basándonos en exclusivamente en estos datos, creemos que una posible receta para la recuperación tras un episodio de dolor lumbar,  sería la aplicación de un programa de entrenamiento basado en un trabajo de control motor, donde se focalice el trabajo en el mantenimiento de posiciones estáticas entre las fases concéntricas y excéntrica.
       Por otra parte nos parece interesante analizar cómo actúa esta musculatura en un patrón de movimiento como el peso muerto, donde aparentemente la solicitación a la musculatura estabilizadora se supone que debe ser elevada, como consecuencia de las cargas movilizadas y si las posibles asimetrías generadas por la dominancia de un brazo respecto a otro durante el levantamiento afectarían de forma significativa en el riesgo de dolor y lesión. No obstante, esto lo dejaremos para otro artículo más adelante.
      

Referencias Bibliográficas:


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