lunes, 21 de septiembre de 2015

Hablemos de propiocepción...



                Hoy planteamos un par de reflexiones que pensamos que se deben tener en cuenta a la hora de trabajar ese apartado de nuestros entrenamientos conocido como propiocepción, para muchos este trabajo es ampliamente conocido, pero queremos plantear un par de aspectos a tener en cuenta en su trabajo.

                Desde hace ya un tiempo, y cada día que pasa, es más visible que veamos en los centros deportivos a clientes haciendo extraños ejercicios que parecen más sacados de la preparación para acceder a un espectáculo en el circo que de un entrenamiento en sí. Y es que está muy bien trabajar la propiocepción, pero vamos a intentar establecer un base para trabajarla.

                En primer lugar, si atendemos a la literatura científica encontramos cierta ambigüedad en relación al término propiocepción y su relación con el término cinestesia.

          Si evitamos entrar en discusiones conceptuales y buscamos una visión más amplia, encontraremos el sistema sensoriomotor, el cual se entiende como dos sistemas independientes, el sistema motor y el sistema sensitivo, pero que a nivel funcional están interrelacionados (1). Es decir, mis movimientos estarán condicionados por lo que percibo a través de mis receptores sensoriales, pero a medida que desarrollo el movimiento, modificará la información percibida por este. Esto es lo que según el modelo de Janda, podemos estructurar como un modelo en bucle, y que podemos ver representado en la siguiente figura, extraída del libro “Assessment and Treatment of Muscle Imbalance The Janda Approach“.


                Dentro de este sistema nos centraremos inicialmente en la parte sensorial, donde posicionamos a la propiocepción, definida por diferentes autores como:

                “Adquisición de los estímulos por los receptores periféricos, así como la conversión de estos estímulos mecánicos a una señal neural que se transmiten a lo largo de las vías aferentes al sistema nervioso central para su procesamiento" Lephart y Fu (2000)

                En otras palabras, la propiocepción es la entrada de estímulos recogidos por el sistema nervioso central percibidos a través de las terminaciones nerviosas especializadas, llamadas mecanorreceptores, situados en las articulaciones, cápsulas, ligamentos, músculos, tendones y piel (2).
                Si tenemos en cuenta la acción de nuestros mecanorreceptores, veremos que aun cuando la visión está ausente, tenemos un sentido exacto de la posición de las extremidades. Esto implica que, sin señales visuales, un ser humano todavía conoce la posición de diferentes partes del cuerpo en cualquier momento durante un movimiento y tiene un mapa exacto de su ubicación en el espacio. El cuerpo se basa en el sistema propioceptivo para ubicarse de forma  precisa (2).

                Esta capacidad nos hace plantearnos la primera cuestión. Si deseamos trabajar la propiocepción, ¿sería correcto hacerlo con visión? En relación a esto creemos que es mucho más productivo  trabajar con ausencia de visión si nuestro objetivo es la mejora propioceptiva, e igualmente teniendo presente que nuestros distintos mecanorreceptores reaccionan ante cambios de presión, longitud muscular, tensión, etc, creemos que es altamente interesante retar a nuestros entrenados con movimientos donde se produzcan cambios en la posición de los segmentos corporales. Otro factor interesante a tratar también sería el trabajo con fatiga. En ambos casos, lo ideal sería partir de situaciones donde la incertidumbre sea menor hacia otras de mayor complejidad.

                 Nuestra segunda reflexión se centra de nuevo en los escritos de Janda. Este nos indica que existen tres áreas claves de cara a la propiocepción para el mantenimiento de la postura. Una de ellas es la planta del pie, seguida de articulación de la Sacroiliaca y la columna cervical (1).

                La relevancia de la planta del pie, la podemos observar en la representación del hombre homúnculo sensorial, entendiéndose por ello la representación de la superficie que ocupa en la corteza cerebral cada una de las partes del cuerpo en relación a su capacidad de percibir estímulos.
SI vemos el diagrama, observaremos que el hombre homúnculo no posee pies tan grandes como las manos, pero que estos si ocupan mayor superficie en relación al resto del cuerpo. Por ello debemos prestar gran atención a esta zona corporal. A continuación podemos observar el diagrama Kell, CA et al, 2005, que modifica la versión clásica del Homúnculo de Penfield y Rasmussen (3)


Figura 1: Diagrama  que modifica la versión de Penfield y Rasmussen del homúnculo clásico

                Si atendemos a la relevancia que Janda da a la planta del pie junto con el diagrama del homúnculo sensitivo, se nos plantea una segunda cuestión. ¿Si deseamos entrenar la propiocepción, debemos hacerla con calzado?

                En este caso, pueden existir varias respuestas, pero vamos a justificar la nuestra.  Si nuestros receptores se sitúan en la piel, músculos y articulaciones, el uso del calzado debería reducir la capacidad sensitiva de dichos receptores, lo que nos haría decantarnos por responder de forma afirmativa a la cuestión. Esta afirmación incrementa su valor, si tal y como indica Janda, nuestro objetivo es una mejora del control postural, el cual es uno de los caballos de batalla a los que nos enfrentamos en gran número de ocasiones con nuestros clientes.

                Por lo que si tenemos presente la alta concentración de receptores en la superficie de la planta del pie. La adaptación inicial para el desarrollo del componente sensitivo, sería el realizar las actividades descalzo (4).

                Nos gustaría cerrar este documento, relacionando estas reflexiones con un tema que nos gusta bastante, como es el dolor de espalda. La importancia de los pies en el funcionamiento biomecánico normal de la columna vertebral a menudo se pasa por alto (5). y Entendemos el dolor de espalda como un proceso multifactorial. Los resultados de la revisión realizada por O'Leary et al,  indican que un cambio en la marcha y en la longitud de la pierna debido a desviaciones podológicas podría potencialmente conducir a un dolor de espalda bajo, debido a un cambio en la alineación de la pelvis (5).
                A modo de resumen, si vas a trabajar la propiocepción, introduce ejercicios sin visión, y despierta la capacidad sensorial de tu pie haciendo ejercicios descalzo.



Referencias Bibliográficas



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